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sábado, 15 de octubre de 2016

La carta cerrada. Gustavo Martín Garzo

La carta cerrada
Gustavo Martín Garzo



Érase una vez una joven alegre, con ganas de vida y de amor. Trabajaba en una joyería de una ciudad de provincias, y no pudo resistirse a los encantos de un apuesto policía que la encandiló con sus locuras. Se casaron y tuvieron dos hijos. Acabaron viviendo en un pequeño apartamento de Valladolid, que ahora el hijo, ya mayor, recuerda con nostalgia. Vuelven a su mente los días luminosos en compañía de la madre, su figura inclinada sobre la tela que estaba cosiendo, sus charlas con las amigas y su figura esbelta que revoloteaba alrededor de las camas de los dos niños de noche, protegiéndolos de los males que la vida acarrea consigo.Todo cambió el día en que uno de los hijos murió en un accidente que nadie pudo evitar. Desde entonces, una locura callada se infiltró en la mente de la madre. El marido, un hombre agresivo y poco dado a expresar sus sentimientos, fue viviendo de su trabajo y desahogando su amargura con otra mujer. El hijo, testigo atento de tanto dolor callado, fue creciendo hasta convertirse en un adulto más acostumbrado al recuerdo que a la acción.En ese mundo donde las emociones se guardan en sobres cerrados, de repente surge la posibilidad de una vía de escape: un viaje de la familia a Madrid, que la mujer aprovechará para rebelarse contra el destino que le ha tocado en suerte. El testimonio de este gesto está en una carta destinada al hijo, unas palabras que sería mejor no leer y que finalmente quedarán en la mente de quien narra como una muestra más del pacto que nos une a la vida: nadie vive como debe ni como quiere, sino como puede… El resto está a cargo de nuestra imaginación.

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Siempre pienso lo mismo cuando leo una novela de Gustavo Martín Garzo: "¡Qué bien escribe este hombre!".

Este es un libro sobre el amor y la muerte. El amor entre hombres y mujeres, entre hermanos que duermen como amantes, entre hombres y animales, entre mujeres y Dios y se habla de las personas que, a pesar de desearlo, simplemente no pueden amar.
También es un libro dedicado a las mujeres a las que el amor enloquece, enajena y ciega. A las mujeres que buscan un amor que no existe o que creen que es una prolongaciñon de los juegos de su niñez.

He subrayado una serie de frases que me han parecido reveladoras:

"Mi padre era abierto y alegre, como un niño grande. Era eso lo que le había gustado a mi madre, que solía decir que todas las mujeres enloquecen por los hombres que son como niños."


"Decía que no podía vivir sin él, pues a su lado nunca te aburrías.

—Esos hombres —decía mi madre— son los que más te hacen sufrir. Te roban el corazón y lo abandonan en cualquier lado cuando se cansan de jugar con él, como los niños con sus juguetes."

"Era muy caritativa, pero no amaba nada. No amaba a los pobres que llegaban a su casa a pedir, ni a los niños que recogía en sus escuelas, ni a los animales que vivían en sus establos. No amaba las cosas que tenía en su casa, ni los árboles de los caminos, ni el agua del canal o del río. No amaba a las palomas que arrullaban en el patio, ni a las cigüeñas que construían sus nidos en las torres de las iglesias. Pensaba que nada de eso valía la pena, que uno podía usar las cosas pero no amarlas, porque sólo Dios era digno de amor; que para amar de verdad a Dios tenías que despreciar todo lo demás."

"No conocemos a nadie, y mucho menos a las personas que amamos —decía mi madre—. El amor nos hace pensar que son como nosotras queremos, pero esto no es cierto. Es el miedo a la soledad lo que nos confunde."

"¡Qué tontos son los hombres! —me dijo, mientras me besaba—, no saben que el amor no distingue entre la vida y la muerte.

Gustavo Martín Garzo nos enseña un mundo rural del que parten gentes (mayormente mujeres porque ellas son las auténticas protagonistas) que van a parar a ciudades de provincias en las que reproducen el modo de vida, las servidumbres y las fantasías del mundo del que han partido.

Es una gran muestra de emociones, sentimientos, fustraciones y dolor. Mucho dolor. Todo maravillosamente escrito.

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