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lunes, 16 de enero de 2017

No llorar. Lydie Salvayre

No Llorar

Lydie Salvayre





Hija de un andaluz y una catalana, Lydie Salvayre, cuyo apellido de nacimiento es Arjona, narra en No llorar la historia de su madre, Montse, nacida en un pueblo de Lérida, que en 1936, con apenas quince años, se va a Barcelona con su hermano anarquista. En la ciudad la joven vivirá el despertar al amor y el júbilo revolucionario de los días posteriores al estallido de la Guerra Civil.
En la novela se conjuga el presente desde el que Montse desgrana sus recuerdos de aquellos maravillosos días de libertad de agosto del 36 con la narración de la estancia de Georges Bernanos en Mallorca y su proceso de escritura de Los grandes cementerios bajo la luna –la condena de un católico durante la sangrienta represión fascista–. Montse Monclús narra la vuelta de Barcelona a su tierra natal y su matrimonio, el de la hija de una familia humilde con el vástago del cacique del pueblo.
A través de la resurrección de la lengua materna, con su prosa Salvayre construye un apasionante relato coral sobre el complejo entramado político de la Guerra Civil, y sobre el exilio y la herencia que dejó a los hijos de los que tuvieron que dejar España para salvar sus vidas. Como si la primera marcha de Montse de su pueblo natal hubiera marcado para siempre un destino en fuga.
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He tardado bastante en hacerme con este libro. Esperaba que saliera en formato digital, pero no sucedió. Luego traté de comprarlo en Amazon y no sé que problema tenían con la edición que tardaron bastante en enviármelo. Fue un regalo de reyes, finalmente.
En todos los sentidos porque esta novela, Premio Goncourt de 2014, es un auténtico regalo.
He estado buscando una palabra que pudiera definir mi impresión tras leer el último capítulo. Tras darle algunas vueltas creo que la palabra es auténtico. No sé si es o no la historia de Montse, la madre de la autora (que en el libro se autodenomina Lidia, por supuesto) pero uno tiene la impresión de que no hay nada inventado en este texto que te implica e interpela desde la primera página.
La historia básicamente es la que pueden leer en la sinopsis de la editorial.
Como lector, sólo añadiré unas pinceladas.

Lydie Salvayre no explica por qué intercala la historia de George Bernanos con la de su madre. Las dos se desarrollan con simultaneidad en el tiempo pero en lugares diferentes: Bernanos en la Mallorca franquista y la de Montse en un pueblo sin nombre cerca de la Lérida anarquista. Quizás para hacer patente la profundidad del horror insondable de la conducta humana cuando la mente está poseída por el demonio del fanatismo.

Antes señalaba que el libro me ha afectado personalmente. Es así. Me ha traído el recuerdo de lo que nos contaba mi padre de su experiencia en la Mallorca del verano de 1936 que coincide punto por punto con el libro de Bernanos. Mi padre era maquinista naval y el 18 de julio el azar hizo que el barco en que navegaba (El "Ciudad de Palma" de la compañía Transmediterránea) hubiera recalado en la capital balear. Un día antes o un día después le hubiera situado en la Barcelona republicana. Toda la familia veraneaba junto al mar en la bahía de Palma, pero ante el temor de posibles bombardeos, decidieron trasladarse a una casa de campo a unos seis kilómetros al interior. Mi padre cada día debía tomar la bicicleta y desplazarse hasta el puerto a su trabajo. Cuando regresaba contaba consternado cómo había pasado junto a cinco o seis asesinados ("paseados") en la cuneta de la carretera de Sineu. En los primeros meses de la guerra se asesinaron cerca de tres mil personas en Palma por escuadrones falangistas. Asesinados sin juicio simplemente por ser republicanos, sindicalistas o "desafectos" al Movimiento Nacional. Los muertos en la carretera continuaron durante meses hasta que los militares tomaron el control. Entonces se continuó matando pero en la tapia del cementerio y tras una rápida sentencia de un tribunal militar.
Bernanos, intelectural de derechas, católico se horrorizó no sólo por la matanza sin sentido, sino, principalmente, por la connivencia y el apoyo de la jerarquía eclesiástica que no sólo ignoraba los asesinatos, sino que los absolvía cínicamente.

El autor francés cuenta cómo su conciencia le impidió callar:
"Así, pues, hace acopio de fuerzas para conciliar su conciencia y se decide a contar lo que le hace estremecerse de horror. Se decide a contar la invencible repugnancia que le inspiran la sospecha generalizada, la delación recompensada por la Iglesia, el secuestro nocturno de los malpensantes y el de los impíos fusilados sin proceso alguno, por la furia religiosa consustancial a la parte más oscura, más venenosa, del alma humana"

La novela hace mucho hincapié en esta conducta hipócrita y cómplice de la Iglesia española y la romana.

El otro lado de la moneda es el relato de lo vivido por la protagonista, Monste, y su hermano Josep a lo largo del verano del 36 cuando la utopía anarquista era una posibilidad real. Su ida a la gran ciudad en donde se han colectivizado cines, bares, restaurantes y en donde todo es alegría, entusiasmo y seguridad en la revolución. En donde extranjeros de todas las nacionalidades viven junto a ellos la esperanza de que es factible una sociedad sin clases, sin opresores, sin dinero y en paz.

El idealismo de Josep y su anarquismo militante choca con la frialdad, la planificación y la obediencia al stalinismo de Diego que pospone la revolución a la victoria en la guerra. Todos sabemos cómo acabaron unos y otros.

Una gran novela en escasas doscientas páginas

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