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sábado, 13 de agosto de 2016

Un dios en ruinas. Kate Atkinson

Un dios en ruinas
Kate Atkinson



Esta es la historia de Teddy Todd, a quien conoceremos desde que tan solo es un niño hasta que llega a la última etapa de su vida. Una vida que comienza de forma feliz dentro del seno de una familia acomodada pero que más tarde estará marcada por su implicación en la II Guerra Mundial como piloto de la RAF y que le ha cambiado profundamente. El horror de lo vivido, la perdida de sus compañeros le harán un hombre diferente pero también se dará cuenta de que haber sobrevivido a la guerra no será la única dificultad que encuentre en su vida.

Esta novela (según cuentan) está relacionada con "Una y otra vez" que fue la novela anterior de esta autora. No lo puedo asegurar porque no la he leído, ni creo que la lea. Según la sinopsis tiene cierto parecido con la película del "día de la marmota" y, la verdad, es que este tipo de realismo fantástico (o como quiera que se llame) no me apetece nada.

Alguna de las otras novelas de la autora sí que me han gustado bastante: "Expedientes", "Esperando noticias" y, sobre todo, "Me levanté temprano y saqué al perro".

Kate Atkinson es excelente en la labor de crear un personaje. Nunca son unidimensionales, sino que suelen ser complejos y bastante humanos. Quizás exagere un poco en el diseño de algún secundario para hacer más creíble y contrastar con el (o la) protagonista principal; pero éste es un recurso literaro perfectamente lícito.

Otra de las constantes en sus novelas es el juego del tiempo. Nunca es un relato secuencial, sino que salta de atrás hacia adelante y vuelta hacia atrás a lo largo de toda la narración. Es algo que confunde un poco al lector, pero supongo que esta autora considera que sus lectores no disfrutarían de un plato de comida masticada y por eso lo pone un poco más complicado. Por otra parte, esta técnica del tiempo tiene sus ventajas para el proceso creativo: nos informa de algunos sucesos que ocurrirán en la historia pero ignoramos (hasta que ella quiere) cuándo y cómo sucederán

El protagonista de esta novela Teddy, es un personaje complejo y entrañable al tiempo. En una gran parte de la novela (fundamentalmente antes y después de la guerra en la que participa como piloto de bombardeos) se comporta como un "boy scout" (aunque él realmente nunca superó el rango de "jabato"). Es un apasionado de la naturaleza y respetuoso con las personas que lo rodean. Siempre suele hacer "lo que toca hacer". Se casó con Nancy, una chica maravillosa a la que conoció de niños y con la cual fue moderadamente feliz, aunque no queda claro sí estuvo enamorado de ella. En un momento determinado dice:



"Por supuesto que la quiero. —(¿Era una pregunta?). ¿Acaso sabía qué era el amor? El amor que sentías por un padre, una hermana, por un perro incluso, sí, pero ¿entre marido y mujer? Dos vidas unidas de manera inextricable. O uncidas y enganchadas al carro." Y, su madre, Sylvie (un personaje fantástico) le dice: "He ahí la clave o si no huiríamos todos despavoridos".

Sin embargo, en todos los capítulos (salteados) en que narra lo que le ocurre a lo largo de la guerra, Teddy (el Comandante Todd) aparece como un hombre "de una pieza". Seguro de sí mismo, protector de sus tripulaciones y siempre el último al abandonar el avión que tuvo que amerizar en el gélido Mar del Norte. Sorprende mucho el cambio.
La otra gran protagonista, con la que Kate Atkinson fuerza un poco el contrastre, es su hija Viola. No cumple ni una sola de las expectativas de su padre y es el paradigma de la persona atolondrada, egoísta, manipuladora. Una de estas personas que todos conocemos que sólo han nacido para mirarse y quererse a sí mismas.


Sencillamente, no estaba hecha para cuidar de los demás. (Ni siquiera a sus propios hijos a los que literalmente abandona para “poder encontrarse a sí misma)
Viola imaginaba que era una persona con las entrañas de una sustancia dura, como si los órganos blandos y los tejidos se hubieran calcificado en algún momento del pasado remoto.

Para ser sincera (consigo misma al menos), la gente no acababa de gustarle. Debía decir en su defensa (pensaba con frecuencia en sí misma en tercera persona, como si se presentara ante un jurado) que en los últimos tiempos la emocionaban hasta las lágrimas los relatos sobre la crueldad hacia los animales, lo cual probaba, si no otra cosa, que no era una sociópata.

Es una novela interesante. Quizás algo larga de extensión. Podría ser perfecta con cien páginas (o más) menos.








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